meditaciones

la piel me aprisiona

los huesos me pesan

el corazón retumba

en los rincones de mi nombre

cierro los ojos

para penetrar la jaula

para escuchar los susurros del alma

y es ahí

en ausencia de dios

en el claustro de mi conciencia

cuando comprendo

el lenguaje de la vida

cierro los ojos

la piel

los huesos

y el corazón desplazados

y es ahí

sin pasos en falso

entre el negro y el blanco

cuando encuentro paz

LOS QUE NUNCA SE RINDEN

Levántate,

aún queda espacio

para otro golpe.

Levántate,

aún corre sangre por tus venas,

y esta batalla se lucha

hasta la última gota.

Lo sé;

el peso es grande

y la soledad te invade;

tus cavernas profundas

y la oscuridad socava;

el aire espeso

y los pulmones flaquean,

pero eres reflejo de tu voluntad,

y la tregua un credo que no profesas.

Levántate…

Lucha…

El destino es escrito

por los que nunca se rinden.